martes, 2 de junio de 2020

LA GASOLINA EN VENEZUELA: UN ASUNTO “INFLAMABLE”


Por: Jesús Parra
Profesor universitario
El tema de la gasolina en Venezuela siempre ha sido un asunto a tratar con sumo cuidado y que amerita la destreza y pulso de un cirujano cuando procede a intervenir a un paciente en extrema emergencia. No puede fallar en su intento aunque cabe la posibilidad, ni puede permitirse que se diluya su capacidad de acción por pensamientos y conversaciones estériles porque el paciente se muere.
Situación similar ocurre cada vez que runrunea en forma de sollozos y sonidos lúgubres el aumento del precio de la gasolina. Lo que produce en la realidad social un estado de tensión de tal magnitud que logra afectar hasta al “más pintao”. Y es que no es para menos. Venimos caminando en el marco de una cultura de estatización del mercado de la gasolina aprobada en 2008 por Chávez, que fuera su bandera electoral en el 2006; y al cual nos acostumbramos hasta el día de hoy. Convirtiéndose a partir de allí en un hito histórico que motoriza el crecimiento y desarrollo productivo de la nación.
Visto esto en tiempo presente, se tiene que la decisión tomada por el Ejecutivo Nacional sobre el nuevo esquema de distribución y subsidio de la gasolina tiene una serie de aspectos a considerar. Uno de ellos, es que rompe con ese “hito histórico” establecido como estrategia o política de gobierno, de mantener el precio de la gasolina amparada en un esquema de subsidio. Otro, es la posibilidad de ir desmontando paulatinamente el subsidio de la gasolina, debido a su costo de mantenimiento (me refiero al subsidio). Una situación que ya fuera anunciada y expuesta por Chávez.
La discriminación de precios: Subsidiada e internacional es otro aspecto a destacar, ya que con ello se busca garantizar la distribución de la gasolina a todo el parque automotor como también reactivar las actividades regulares de la ciudadanía, pero con otros criterios de normalidad. En este punto, ciudadanos y ciudadanas deben asumir de provecho racional el uso de la gasolina, ajustando por un lado su presupuesto familiar, para la compra del combustible, y por otro, planificar su dinámica de vida bajo una mirada más consciente de su realidad social. Esto a su vez debe traducirse en un comportamiento cívico, ajustado a la ley, y que convoque al soberano (pueblo) a la defensa de su país y de sus recursos naturales.
Este esquema sobre la nueva distribución de la gasolina, en su modalidad de precios internacional permite dar un primer paso a favor de las empresas y/o dueños de las estaciones de servicio privadas para que se pongan a tono con la reactivación y empuje del país, a través de su servicio público de suministro de combustible. Permitiendo un juego político en igualdad de condiciones y a favor de toda la colectividad.
De igual manera significa salirle al paso a quienes realizan comercios ilícitos con el combustible en la frontera y enfrentar la cultura de “pimpineros” de más de 30 años de ejercicio impune en la hermana República de Colombia.
Es un asunto que va de lo económico a lo estratégico por parte del gobierno nacional, quien busca a cuesta de lo mesurable devolver la confianza a los venezolanos en medio de un escenario lleno de limitaciones, sanciones económicas impuestas, injustas e ilegítimas, austeridad en precios de mercado por la irrupción y desplazamiento de la moneda nacional (soberana) por el dólar y demás. Lo que genera la necesidad por parte del Estado de mover “la brújula política” y encauzar procesos que generen un ejercicio político eficaz y eficiente.
Al respecto se ha implementado este plan y su puesta a prueba por noventa días apostando continuar con lo establecido en la ley de ordenamiento del mercado interno de Hidrocarburos, recuperar en forma ascendente las condiciones de las refinerías, para poder alcanzar en el lapso establecido una primera avanzada en la producción del combustible. La posibilidad de realizar transacciones por parte de los ciudadanos (pago del combustible) como instrumento financiero y de movilidad monetaria con inclusión del petro como moneda virtual. Todo esto orientado con el propósito de fomentar el desarrollo integral, orgánico y sostenido del país, atendiendo al uso racional del recurso.
Por supuesto sobran los que adversan esta medida (la oposición venezolana y la derecha internacional) y afirman que el esquema aprobado en esta materia va a ser el epicentro de más corrupción, que los salarios de los trabajadores no se ajustan a los precios acordados en soberanos y en moneda internacional, auguran con premeditación y alevosía acontecimientos como el Caracazo, que la nueva distribución va a traer mayor inflación, que-si-esto-que-si-lo-otro. Finalmente, lo resaltante y destacable de todo esto es que se ha creado con esta expresión política un “reverbero” que está más encendido que nunca donde se calienta y se cocina un plan prospectivo con miras a la estabilidad y seguridad en el tema económico...


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