viernes, 6 de noviembre de 2015

Frontera Colombo Venezolana, una sentida y breve lectura desde la dimensión ecosistémica

Nicanor Cifuentes Gil
ncifuentes@gmail.com

Todas las moléculas de la degradación condensadas en el defoliante glifosato (marca Monsanto) entraron silente, erosivas en su curso por las “venas” del Catatumbo que surcan al sur la cuenca binacional que es el Estuario de Maracaibo. Los sistemas políticos y sus fronteras definen con sus órdenes y lógicas los límites de sus jurisdicciones para el ordenamiento territorial. 

En el croquis de la economía territorializada del narcotráfico vemos: Rutas desde las zonas de producción hasta las zonas de consumo representan zonas de alta conflictividad social, de incesantes reacomodos manchados de pólvora y sangre lamentablemente la más de las veces. Se suma la agenda desestabilizadora con pivote en Colombia (y financiamiento imperial estadounidense) relacionada con el contrabando de extracción de combustibles derivados del petróleo así como de alimentos subsidiados por el estado venezolano para atender políticas de inversión social. Las secuelas las padecemos: Millones de litros de combustible (gasolina, diesel) atraviesan desde ningún disimulo las aguas del río Limón, importante afluente norte del Estuario de Maracaibo. 

Hablamos pues de una geografía otra, de un quiebre doloroso: Se establecen las nuevas fronteras del capital, friccionan las placas tectónicas del neoliberalismo en eterna crisis teniendo como escenario de fondo un drama de incertidumbre climatológica agravado (sequías e inundaciones) en una región de ecosistemas boscosos y de humedales muy frágiles. 

Respetar las culturas indígenas, afrodescendientes y campesinas que a su vez son tangibilidad e intangibilidad modelada por la naturaleza desde su bio y sociodiversidad exige una cooperación inédita, creativa que esté a la altura del acervo indígena, afrodescendiente y campesino, que esté a la altura visionaria y sensible tanto del Libertador Simón Bolívar, el mismo del Decreto de Chuquisaca en 1825, como del gigante Hugo Chávez Frías escritor, desde su puño y letra, del Plan de la Patria 2013 – 2019 que vislumbra y traza luminoso el V Objetivo Histórico referido a contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana. 

Se requiere un discurso y praxis en dialéctica aventura gozosa que no se deje estancar por hediondas aguas de la trampa y la mercantilización. Salvar la geografía húmeda y aún incógnita de estas tierras pobladas de luminosa luz solar y de limpia ventisca alisia.

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