viernes, 24 de julio de 2020

Coro se escribe con “G” de Gracias

Ana Cristina Chávez A.

Miel y Salmuera / Diario La Mañana


En el 493° aniversario de Santa Ana de Coro, a celebrarse el próximo 26 de julio, debo obsequiarle mi infinita gratitud por la hospitalidad brindada, desde que llegué en el año 2005 a probar suerte en el ámbito laboral, luego de trabajar en Punto Fijo y en Pueblo Nuevo, proveniente de Maracaibo, la tierra donde nací.

De Coro conocía su casco histórico y los Médanos, parada obligatoria en los viajes rumbo a la Paraguaná de mi familia paterna, así que vivir la grandeza de esta ciudad y su gente ha sido un aprendizaje inolvidable. Coro es una metrópolis pequeña llena de enormes corazones, pero como todo, tiene su contraparte. La capital del estado Falcón cumple a cabalidad con el dicho aquel de “pueblo chico, infierno grande”, pese a la santidad a la que hace alusión su nombre y que sabe ampararse en los templos católicos y cruces de madera pacientemente devoradas por el comején.

Por favor, no me excomulguen, pero esta ciudad es una caja de sorpresas que aprendes a amar si logras entender los contrastes existentes en sus paisajes y contradicciones culturales. Por un lado, está su religiosidad arraigada por siglos, que se respira en cada esquina; por el otro, la tierra es dueña de un movimiento literario y artístico de vanguardia, que sin culpa alguna baña sus mejores creaciones en ardiente cocuy. En la otra cara, se encuentra una comunidad de jóvenes universitarios, que antes de la cuarentena colmaba las calles con los más variados acentos, nacionalidades y tendencias. Por último, en ella convive una tribu de políticos que no se cansa de manosearla a su conveniencia, indiferentemente de las siglas y colores que ostenten.

Todo esto se conjuga para que la ciudad se mueva dentro de lo tradicional, lo artístico, lo patrimonial y los intentos de modernidad y avance que sus dirigentes no atinan (o no desean) lograr. Sin embargo, ella sabe salir adelante arriesgándose, aunque los prejuicios que la invaden hagan eco en su cabeza.

Lo anterior, me motiva a ver a Coro como una dama antañona de elevada cultura, que con abanico y rosario en mano se sonroja ante las indiscreciones de los caballeros que la pretenden, pero que en privado, con total libertad, se despoja de enaguas y corsés para entregarse al más lujurioso y varonil de sus amantes.

 Aquí crecí como mujer y profesional, conocí a excelentes personas, amigos, compañeros de trabajo y de estudio. Quise y me quisieron. En esta ciudad me brindaron oportunidades, reconocieron mi labor pero también la condenaron. Parafraseando a Simón Bolívar, puedo afirmar que “yo moriré como nací: desnuda”, pero no dudo que mi alma se irá vestida con los recuerdos del Coro –que orgullosamente- decidí habitar en los últimos 15 años. Gracias ¡Nos seguimos leyendo!                

 anachavez28@yahoo.es @AnaChavez_   

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