Estudiantes, trabajadores y trabajadoras académicas,
Coordinadores y Dirección del Eje Territorial Cacique Mara
TODOS JUNTOS
JURAMOS CON NICOLÁS MADURO
10 DE ENERO DE 2019


En el argot político venezolano tal vez no exista una palabra más
abusada que la palabra “crisis”. Se usa para querer expresar y
condensar toda situación, todo lo que nos pasa. Sin duda se trata de
una expresión impuesta por los medios de comunicación y claro está,
por los dueños de los medios es decir, por los poderosos que
manejaron a su antojo las claves emocionales de los venezolanos y
venezolanas. La inoculación de la crisis les trajo muchos beneficios
sobre todo electorales cuando Venezuela se repartía entre adecos y
copeyanos. La “crisis” aparecía cada 5 años para hacer
desaparecer los “productos básicos” que componían la Cesta de
Productos (de la empresa) Polar, en perfecta alianza con la
dirigencia política. Los partidos se turnaban en el poder
administrando la crisis, el complot con las empresas monopólicas de
producción y distribución de alimentos y los medios de comunicación
disponían los ritmos y ciclos de las crisis mientras el pueblo
padecía ilusiones de abundancia y terror ante la escasez. A todas
estas, la extensa red de pequeños comerciantes diseminados en todo
el territorio nacional y surtidos por las mismas empresas de
alimentos, se encargaban de dorar la píldora, ejerciendo la tiranía
del bodeguero haciendo suyas las prácticas del empresario,
escondiendo y especulando, sintiéndose empresarios como los grandes.
Se trataba de una red de chantaje y extorsión que traficaba con las
necesidades del pueblo, del vecino, para obtener beneficios políticos
y en definitiva económicos. Mantenerse en el poder creando ilusiones
de cambio les permitía acceder por turnos a la renta petrolera,
negocio que administraban directamente las empresas gringas pero que
le dejaba a la casta político-empresarial pingües ganancias.
Mientras tanto, la pobreza alcanzó el 80 por ciento y la extrema el
50. Hasta que el pueblo no se caló más la farsa del acaparamiento y
reaccionó contra el plan de shock neoliberal y estalló el 27F del
año 89. Y ese estallido repercutió en el 4F del 92. Chávez surgió
de las entrañas de la historia patria y rompió los esquemas de la
vieja política. El bipartidismo, el quítate tú pa ponerme yo se
descalabró, pero la vieja casta politiquera, con poder y acceso a
los monopolios de producción y distribución, ha pretendido seguir
usando el chantaje y la extorsión creando desde el mismo
advenimiento de Chávez al poder las condiciones para que surja el
“cambio”. Siempre la misma receta, acaparamiento, especulación,
escasez, inflación inducida… Pero desde 1999 la receta no ha
funcionado como esperaban. Las claves emocionales de la población
cambiaron de fuente. Sin embargo, con la desaparición física de
Chávez intentaron demoler las claves de la conexión del pueblo con
el proyecto bolivariano. La arremetida contra los valores y símbolos
ha sido criminal. Han buscado dejarnos sin patria física pero sobre
todo sin patria espiritual. Hemos sufrido una larga y extensa guerra
de lento exterminio, boicoteando el acceso a alimentos y medicinas.
La derecha se ha cebado en el mal. Sin embargo, milagrosamente, hemos
resistido. La conciencia despertada por Chávez nos ha permitido
avanzar en medio de terribles ataques que han tenido como blanco las
mujeres, los ancianos y los niños, por un lado, y a los trabajadores
y trabajadoras por el otro. La derecha (empresarios y medios de
comunicación, aliados a los sectores más retardatarios de la
iglesia y ONG’s fachadas del Departamento de Estado) lo ha hecho
todo para lograr que el pueblo renuncie a Chávez y a Bolívar. No
han escatimado recursos e incluso han recurrido a la especie criminal
del terrorismo, importando prácticas desconocidas para el pueblo
venezolano como el sicariato, el asesinato político, la desaparición
y el descuartizamiento. Recientemente, incluso el magncidio. Sí, lo
han intentado todo. Sólo porque el pueblo llegó al poder con
Chávez, y sobre todo porque un trabajador, un obrero, está al
frente del Estado. La pugna histórica entre el capital y el trabajo
se expresa hoy intensamente en la República Bolivariana de
Venezuela. Y la guerra del capital contra el pueblo está dirigida a
destruir la relación trabajo-salario. Quieren, necesitan, que los
trabajadores sintamos que de nada sirve trabajar, que la única
opción está en migrar o en ser explotados en trabajos que nos
permitan al menos sobrevivir. Han hecho hasta lo imposible para que
se nos haga invivible e insoportable el ser venezolanos, ser
venezolanas. Han cometido el peor de los crímenes, atentar contra la
identidad y contra la integridad de la Patria. Han buscado
desmantelar la infraestructura material pero fundamentalmente, la
espiritual que sostiene la idea de Nación y País. Desde la derrota
electoral de 2015 en las elecciones por la AN ha habido una
recomposición de fuerzas que le han permitido a Nicolás Maduro
obtener rotundas victorias que han creado un sólido contrafuerte a
los ataques de la oligarquía nacional e internacional. Pero esas
victorias y la paz que han traído consigo tienen un soporte
fundamental, la unidad cívico-militar, legado inmenso del Eterno
Presidente Chávez. El capital ha enfilado todas sus baterías para
quebrar la moral del pueblo y hacer que la corrupción destruya las
bases de la revolución bolivariana. Lo han intentado todo, pero hoy,
10 de enero, el Pueblo se Juramenta como Presidente de la República
Bolivariana de Venezuela y su líder, el presidente Nicolás Maduro,
se yergue incuestionablemente como el gran timonel Conductor de
Victorias. Asediado por el Imperio más cruel y criminal que haya
existido, con vecinos hostiles y agresivos, con una quinta columna
racista y apátrida, se ha consolidado como digno representante del
pueblo y en símbolo de resistencia y dignidad para todos los pueblos
de mundo. Chávez no se equivocó. Los ataques que ha recibido el
hermano y camarada Nicolás Maduro no tienen parangón en la
historia, sin embargo, plantado frente a las adversidades, sigue en
pie cimentando las bases para la esperanza y prosperidad y por eso el
pueblo sabio y paciente, pero aguerrido y alerta, lo acompaña en el
empinado camino de la construcción de la Venezuela potencia, la
Venezuela próspera para Todos y Todas. Vencer al capital es lograr
que el trabajo esté primero y por sobre todas las cosas, pero no el
trabajo explotador sino creador, el que está unido a la ciencia y al
conocimiento, a la alegría de vivir y transformar. Es el trabajo que
reivindica y cura las heridas, el trabajo que nos reconcilia como
hermanos y con la tierra que fructifica. Es el trabajo que va más
allá de su relación salarial porque es la fuente de la vida. Vencer
al capital es trabajar para el bienestar y no por las estólidas
ganancias del lucro individual. Como trabajadores y trabajadoras
académicas, hijos e hijas de Simón Bolívar y Simón Rodríguez,
decimos que,
Amando, Venceremos.
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