Por
José Javier León

Las
personas que relacionan el uso de la tecnología con las ventajas o
frutos del capitalismo le hacen un flaco favor a la inteligencia. Las
tecnologías no son un reflejo de la libertad, sino precisamente de
lo contrario. Son fruto de la desigualdad y ofrecen ventajas a los
ricos, que se hacen con la explotación de las tecnologías, por su
usuarios/dependientes inmensamente más ricos. Los que usamos las
tecnologías somos como cobayas (en el laboratorio) de sus negocios.
Debemos saber todos que la tecnología que usamos ha desplazado otras
-las alternativas-; han ocupado y copado los mercados hasta destruir
otras posibilidades. Ya por ahí, las tecnologías que vemos, han
negado la existencia de tecnologías alternas. Y han logrado esto
porque se han desplazado en primer lugar a zonas de producción que
les ofrecen más ventajas y rentabilidad, vale decir, donde la
explotación es mayor; o han desplazado comunidades y hasta países o
regiones enteras, convirtiéndolas en parte de sus desechos, en
periferias marginales e invisibles, espacios donde la muerte se ceba
con la explotación de humanos y minerales, convertidos todos en
"recursos". El teléfono de última generación es pues, el
reflejo invertido de la más alta degeneración laboral, social,
cultural. La tecnología que usamos es la que estamos forzados a
utilizar a despecho de dificultar la comunicación, el trabajo,
el hacer. Son un signo del control sobre nuestra
cotidianidad. Pudiéramos renunciar o no usarlas, pero la violencia
sistemática del capital, hace que la renuncia sea un quedar fuera
de(l) juego, de todos los juegos, y plantearnos una suerte de
aislamiento que podría poner incluso en riesgo la propia
supervivencia. El capitalismo nos ha conducido a la paradoja moderna
de tener que matar para poder vivir, sólo que esta vida es ya un
suicidio. Es decir, necesitamos eliminar bosques, consumir energía
fósil, destruir y contaminar, para poder vivir en los términos en
que forzosamente nos obliga a des-vivir el capitalismo. Otras formas
de vida son posibles, sí, pero la situación es tal, que pasan por
estas que conocemos, moldeadas por las tecnologías que modelan la
realidad, de manera forzosa y violentamente. El mundo que conocemos
ha sido transformado y trastornado por las formas de producción
capitalistas, irracionales y suicidas. Vencer el capitalismo pasa(rá)
necesariamente por torcer el sentido de la violencia y la dominación
tecnológica: hay que ponerla al servicio de la vida, cambiando
desde la forma de producirla hasta por supuesto la forma de
consumirla, de usarla. Y esta historia de liberación comienza
necesariamente usando la tecnología para liberar, para crear tiempo
y donarlo, para repartirlo a manos llenas. Contra la estupidez
generalizada y asfixiante, construir belleza, labrar humanidad.