sábado, 27 de julio de 2019

La UBV tiene un nuevo comienzo...

martes, 16 de julio de 2019

La UBV cumple 16 años!!!


Palabras pronunciadas en la celebración de los 16 años de la Universidad Bolivariana de Venezuela

Por 
José Javier León


Foto: Norman Prieto

La UBV tiene prácticamente los años de la revolución bolivariana. Nació en el 2003 pero viene de antes, de los sueños de libertad con los que recorrió Bolívar la América meridional, de la mano del espíritu rebelde de su maestro, Simón Rodríguez. La UBV es la imagen de un proyecto que intenta hacer posible una universidad del pueblo y para el pueblo, y en ese sentido, posee una originalidad y una fuerza distinta a la de las universidades conocidas en las que se han privilegiado históricamente el estatus y los conocimientos llamados universales pero que no son sino la cristalización de las ideas hegemónicas y dominantes, que consideran el conocimiento un bien privado, restringido y excluyente. La UBV, en tanto universidad bolivariana, hace honor al Libertador, por lo que debemos lograr que cada vez más ese honor sea verdaderamente honrado. Y por si no fuera poco y obligante el deber que le debemos a Simón Bolívar, debemos además rendirle honores a Chávez quien soñó para la UBV lo mejor, lo más grande.

La UBV ha estado llamada desde su nacimiento a subvertir el orden colonial del conocimiento universitario. Pero la UBV somos nosotros, es decir, el conjunto de cada uno de nosotros, y somos por tanto los llamados a hacerlo, por lo que esa subversión debe ocurrir antes aquí dentro, en nosotros y, en consecuencia, se hará no como mera proyección sino carne, músculo y nervio en la UBV. La Universidad Bolivariana de hoy es lo que hemos aprendido en ese proceso de subversión, y se parece a lo que hemos creído y crecido. En otras palabras, nosotros somos la UBV hoy y de hoy. Y en nuestra transformación y renacimiento está la UBV de mañana.

Yo he venido pensando que los problemas son directamente proporcionales al avance de la revolución bolivariana, es decir, los ataques a los que hemos sido sometidos, de afuera y de adentro, tienen una violencia que se corresponde con la resistencia de las fuerzas revolucionarias. Buscan destruir con alevosía lo mucho que hemos avanzado. Casi he llegado a pensar que son propios de la revolución los muchos y acumulados problemas, porque no hay manera de transformar de raíz sino trastornando el sentido acostumbrado de las cosas. En 1823 Bolívar llegó a exclamar “la época de la patria ha sido la época del crimen y del saqueo”. Hoy tenemos patria y como ayer, mil demonios se han desatado contra ella. Necesitamos una mente esclarecida, un mirar visionario, temple y firmeza en lo que emprendamos, para poder avanzar sobre los escombros de la Venezuela rentista y parasitaria que nos jalona y que nos dice que esa y no otra es Venezuela. No. Son los estertores de la muerte de lo viejo lo que estamos viviendo, es lo que no se resiste a dejar de ser lo que en muchos casos nos rodea para inocularnos desesperación y desesperanza. Compañeros, la vida nace de y en lo que se pudre, lo viejo es abono. Por eso no veo mayor problema en los problemas, sino la evidencia de que estamos haciendo y avanzando en la dirección contraria a las fuerzas de la muerte, que son las de la cultura del capital. Es evidente que deben haber contradicciones y que no siempre compartamos criterios porque lo que está en construcción está en movimiento y el movimiento es cambio y el cambio tiene mucho de desconocido. En otras palabras, donde no hay problemas no hay transformación. Y si los problemas arrecian, es porque arrecian las contradicciones. Debería ser evidente que la importancia de Venezuela en el mundo, su papel estelar en la geopolítica, venga acompañado de una crisis del tamaño de los intereses que están en juego y que pueden dar pie a una conflagración mundial. No es poco entonces lo que está en juego.

 
Momentos de la gala cultural
Fotos: Norman Prieto
La guerra que estamos padeciendo es híbrida y multifactorial, ya se ha dicho, y parte de esa guerra trajo desmantelamiento de nuestra infraestructura en comunicación, alimentación, salud, educación, ámbitos en los que avanzamos en una década vertiginosamente. El ataque a la UBV es similar al sufrido en otras sedes universitarias y a muchas y diversas instituciones estatales y públicas. No es ni de cerca un caso aislado. Lo mismo la disminución de la matrícula. Pero proporcional a los ataques ha sido la respuesta revolucionaria. ¿O no fue poco ganar las alcaldías y gobernaciones como las ganamos? ¿No fue sorprendente y no quedó el mundo abismado al ver cómo vencimos la violencia de la guarimba con la Constituyente? ¿No fue un golpe maestro de la política la contundente victoria en la elección presidencial que prácticamente acabó con la oposición, hasta el punto de no dejarle a los EEUU otra alternativa que quitarse la careta e inventarse -de la nada- un presidente de alfeñique? Todos esos triunfos se convirtieron y son hoy garantía de paz, una paz que hay que cuidar y proteger contra todas las provocaciones y contra la fábrica desatada de mentiras, contra todos los sabotajes y actos terroristas. Una paz también, relativa y problemática, asaltada y vulnerada por la guerra económica llevada adelante por factores internos y externos que ya todos conocemos bastante bien. Pero, en ese marco de desestabilización generalizada ocurren en nuestra realidad muy particular acciones de la más alta importancia estratégica: el renacimiento de una ciudad que estaba tirada al abandono, calles destruidas, montañas de basura, desmantelada la infraestructura vial y de luminarias, los servicios públicos todos al borde del colapso, hospitales y escuelas en ruinas, en fin, la destrucción sistemática de la ciudad para provocar la sensación y la condición de inviabilidad que se tradujo entre otros factores en una huida de profesionales y jóvenes. Pero entre las acciones y respuestas a lo planteado por la derecha fascista y retrógrada, hay una para mi fundamental, la toma por las fuerzas bolivarianas del Centro de la Ciudad. Yo creo que debe estar claro que ese Centro no es sólo geográfico sino sobre todo simbólico y que de allí la gestión de la gobernación y en especial de la alcaldía han de irradiar a toda la ciudad y a todo el Estado. Controlar la capital y su centro es el paso previo al control territorial de lo simbólico. De modo que debemos inscribir el nacimiento del Corredor Universitario Hugo Chávez en la retoma histórica, geográfica, cultural de Maracaibo en alianza estratégica con el sur y todas las coordenadas este y oeste de la ciudad y municipios vecinos. Debemos recordar y enfatizar que la revolución bolivariana tiene en lo territorial un anclaje fundamental. Así que para emprender cualquier proyecto productivo, es requisito primordial el conocimiento y el control del territorio. Eso lo comprendió y asumió la UBV como parte orgánica y estructural de su ontología y praxis.

De más está decir que soy uno de ustedes y que he padecido los problemas, y en lo posible contribuido a la construcción de la UBV en nuestra sede, cuando nacimos allá en la Rinconada y ahora, en este momento coyuntural, complejo y difícil. Con respecto a la sede en La Rinconada he pensado una frase que creo contundente y casi lapidaria: lo tuvimos todo y no supimos qué hacer. Veo en esta síntesis contradictoria un reflejo de la revolución bolivariana pero también una evidencia de la capacidad de soñar, de ir por sobre la realidad a paso de gigante, del Comandante Chávez, cuando pensó -utópico y telúrico- que podíamos desarrollar un Núcleo de Desarrollo Endógeno siendo que todos los llamados a ejecutar ese sueño veníamos de universidades enclaustradas, coloniales, rezagadas, aunque también de diversas luchas revolucionarias que debían en la UBV juntarse y caminar juntas -sin haberlo hecho en un proyecto similar jamás-. Fue sin duda con la revolución liderada por Chávez y a través de los años poco a poco y no de la noche a la mañana como si fuera una revelación de iluminados que nos fue naciendo la urgencia de construir conocimientos arraigados en la diversidad cultural y productiva, un concepto de economía raigal diametralmente opuesto al rentista petrolero propio de lo que fuimos durante todo el siglo XX, una colonia norteamericana. No teníamos para darle forma al sueño del Comandante sino las armas melladas del conocimiento libresco y especulativo. No podíamos en verdad, hacer más. Sin embargo, desde muy temprano, imbuidos por el impulso de Chávez, comenzamos a desaprender, a mirarnos por dentro, a reconocernos en dinámicas inéditas, a aprender haciendo. Y eso es lo que hemos hecho en estos 16 años. Aprender, equivocarnos y aprender. Sin los errores es imposible el conocimiento y la sabiduría. ¿Podíamos saber -como lo sabemos hoy- que necesitábamos producir nuestros alimentos, por allá en el 2004? ¿Era posible hacerlo viviendo en la burbuja de los petrodólares? Sólo Chávez y su experiencia campesina lo sabía y nos mandaba a construir lo que hoy sí sabemos nos pueden salvar: los gallineros verticales. Por esa razón, no somos los mismos, mucha agua ha corrido bajo el puente y hoy estamos en mejores condiciones para afrontar esta y todas las crisis que vengan, porque tenemos una experiencia que debemos saber valorar y dimensionar. Sabemos que sólo unidos podemos vencer, que el conocimiento tenemos que arraigarlo en prácticas y saberes tradicionales, que debemos explorar las vetas productivas de nuestros PNF y PFG, hasta dar con una fórmula inédita en las universidades venezolanas: la unión estratégica de conocimiento y tecnología, comunidades y territorios. En la intersección de todas esas claves está la UBV.

Por eso me parece tan providencial que en medio de la crisis, hablemos de renacimiento, de un nuevo nacimiento. Pongamos pues al servicio de ese alto sueño todo lo que sabemos. Toda la unión y toda la sabiduría acrecentada por la resistencia, por los muchos dolores pero sobre todo por la alegría de sabernos juntos construyendo la patria de todos y todas.

Compañeros, como ya lo saben estoy asumiendo una dirección que sólo tendrá éxito si es colectiva. Tengo en mis manos las sistematizaciones de todos nuestros aportes en sucesivas jornadas de discusión y construcción universitaria. Estamos hoy en plena revisión curricular. Asumamos todos esos procesos con optimismo y con la mirada puesta en el más alto de los objetivos: la transformación de la realidad. Como lo decía de alguna manera Chávez en el 2011:

Las instituciones de educación universitaria deben desarrollar componentes socioproductivos apoyados en las capacidades científico-técnicas e innovadoras para impulsar la transformación del capitalismo rentístico en un nuevo modelo productivo socialista, que permita el desarrollo del protagonismo socioproductivo del estudiantado y del Poder Popular, aunado al potencial productivo y científico- tecnológico local, regional y nacional,

Las instituciones de educación universitaria deben priorizar el interés del trabajo liberador por encima del interés por el capital, favoreciendo la elaboración de estrategias que apoyen la vinculación universidad-producción-innovación, a través de la organización, creación y generación de conocimientos y la formación y educación del estudiantado del pueblo, para que asuman el control directo de los procesos de producción, distribución y comercialización de bienes y servicios imprescindibles para satisfacer sus necesidades y contribuyan a la construcción del modelo productivo socialista, a través del vínculo conocimiento-producción,

Las instituciones de educación universitaria deben contribuir al desarrollo del protagonismo socioproductivo y del potencial creativo para acompañar el desarrollo humano integral del Poder Popular, en la construcción de una nueva sociedad democrática, basada en la ética del trabajo y en la participación activa y protagónica del pueblo trabajador en los procesos de transformación social, a través de sus proyectos de vida colectiva entrelazados con los planes de desarrollo local, regional y nacional,

La transformación universitaria pasa por el estímulo y apoyo al desarrollo del protagonismo socioproductivo de las y los estudiantes, de modo progresivo y diferencial, así como de la multiplicación del número de proyectos productivos universitarios, que contribuyan a innovar con fuentes de trabajo y a generar nuevas oportunidades de inserción socio-productiva, con el fin de promover condiciones para la producción autónoma de base científico-técnica independiente, como vía de fortalecimiento de la soberanía nacional.

He citado ampliamente algunos considerandos de la RESOLUCIÓN Nº 1282 del 27 de julio de 2011. Está plenamente vigente en su espíritu transformador. Hago propias esas palabras y las invoco para que juntos y juntas, las hagamos realidad.

jueves, 27 de junio de 2019

Conversatorio: PERIODISMO Y POSVERDAD


Ideas llevadas al conversatorio 
PERIODISMO Y POSVERDAD en el marco del Día Nacional del Periodista, moderado por Alexis Blanco y que tuvo lugar en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez


La verdad es un desiderátum
Depende de quien la dice, y por eso está entrañablemente vinculada al poder, que la impone a la fuerza. En otras palabras, quien tenga el poder para imponer su verdad, la tendrá.
El pueblo (si cuando decimos pueblo hablamos de un sujeto histórico en pugna contra los poderosos que lo niegan e invisibilizan) puede conocer alguna verdad incluso como testigo directo, como testimonio, como actor o protagonista, pero si no tiene el respaldo de la fuerza para imponerla, su verdad no se hará efectiva, vale decir, no se sabrá.
La verdad del pueblo es amasada con la ética que es el refugio de lo humano a donde no llegan ni la fuerza ni la muerte.
La verdad del pueblo encarna en hombres y mujeres que, de pronto, son el pueblo todo, el pueblo mismo.
La verdad nos hará libres, reza el evangelio. Pero lo que nos libera, finalmente, es la ética. No por decir la verdad seremos libres, sino por sostenerla aun en el más completo de los silencios incluso con la vida.

Las operaciones de intoxicación contra la verdad están dirigidas a corromper la relación Verdad-Realidad y Verdad-Ética
Resulta obvio que los medios tengan que mentir. El capitalismo sería insostenible si se supiera la verdad.
Lo novedoso es que lo medios mientan con tanta frecuencia e intensidad. Acaso se deba a la relativa facilidad con que los ciudadanos/usuarios de las redes pueden hoy enterarse de ciertas verdades que los poderes fácticos necesitan mantener ocultas.
Al proliferar las fuentes (por la multiplicación exponencial de usuarios de las redes con capacidad potencial y siempre creciente de producir contenidos) han proliferado los medios alternativos, en consuno con las redes. Por eso, el poder se ve obligado a controlarlas si no puede controlar del todo las fuentes. También las controla a éstas, desacreditándolas, bien de manera individual, bien de manera colectiva, desautorizando las posiciones y tendencias ideológicas.

El objetivo de los medios de comunicación es evitar a toda costa la comunicación
El espacio de la comunicación tiene que ser ocupado por la “comunicación” mediática, siempre y por definición, mediada.
Pero el ascenso de las voces alternativas y su correspondiente fuerza mediática vienen acompañados por un declive del prestigio del poder de la fuerza de los medios. Ese declive es compensado con el ejercicio del poder al desnudo, sin afeites ni adornos.
Se impone así el terrorismo mediático y el sicariato, simbólico o físico, aunque el primero siempre precede al segundo.
Por otro lado, el declive de las formas tradicionales del poder (lo que sería la pérdida de la hegemonía) se traducen en el ascenso de las formas para-estatales o para-privadas (mafias de toda laya cuyo único signo ideológico es la protección a muerte de los mecanismos de acumulación de riqueza de los ricos) del poder de la violencia. Si no se puede ocultar la violencia, y luego no se puede disimular, entonces se precisa de una violencia opaca, secreta, sorda, terrible, (por) omnipresente.
Otra estrategia consiste en colmar el espacio mediático con la proliferación de fuentes “alternativas” con mayor poder y capacidad mediática que hagan el trabajo de intoxicación o contaminación de la atmósfera o medioesfera. Y por supuesto, captar voces alternativas que se han labrado un reconocimiento o prestigio poniendo transitoriamente a salvaguarda su ética, pero que finalmente ceden a las presiones, a los chantajes, al cansancio o la desesperanza.



jueves, 9 de mayo de 2019

Lecciones de los maestros (Nota de libro)


Lecciones de los maestros, de George Steiner.
Ediciones Siruela. Fondo de Cultura Económica. México. Pp. 187

José Javier León

“Sin soledad no hay visión;
sin audiencia, por restringida que sea,
no se puede revelar ninguna verdad”

“Una sociedad como la del beneficio
desenfrenado, que no honra a sus maestros,
es una sociedad fallida”

“El único Maestro auténtico es la muerte”
G. Steiner

¿Qué enseñamos cuando enseñamos? Esta pregunta me la hice por primera vez hace un tiempo en un salón de clases frente a un grupo de estudiantes un poco perplejos. No creo que sea común que el profesor, docente o maestro se pregunte en vivo sobre asuntos sobre los cuales no tenga respuesta, como las que de alguna manera exigen y reclaman los estudiantes en general. Porque ahí está la cuestión; les decía: ustedes creen que yo sé y, si pregunto, suponen que sé la respuesta como suponen también que yo sé que ustedes no la tienen, o no al menos como yo la tengo, en ese silencio hay un abismo expectante y escrutador y sus ojos se fijan en mi como si se tratara de un oráculo. Ha sido establecido que el maestro sabe y que los estudiantes no. Yo soy, les dije, en este momento, quien sabe y quien administra lo que aquí se sabe o debe saberse. Y será esta medida la que se tome para medir, evaluar, sancionar sus saberes sobre las cuestiones tratadas.

Fue esta cadena de supuestos la que se desbarató cuando les dije: yo no sé la respuesta de lo que pregunto y es más, me he valido hasta ahora de esta autoridad para preguntar y exigir respuestas. Renuncio, y desde ahora, sépanlo, hablaré sólo de(sde) lo que no sé.

La autoridad del docente es sin duda alguna un fetiche, instaurado en las conciencias de todos los que hemos sido formados bajo este sistema escolar, levantado sobre técnicas filosóficas-académicas cuya vigencia según Steiner, se remonta a las “catastróficas circunstancias de los siglos III y IV” (p. 48) Hemos creído incluso sin saberlo pero con fe ciega que el maestro, el docente, el profesor, sabe. Podemos dudar de su saber, pero la situación en la que nos hemos encontrado es de tal minusvalía que perderíamos tiempo y energía dudando, por lo que antes bien preferimos aceptar su saber como cierto y a partir de allí, aceptamos dócilmente la evaluación.

Valga la introducción para anunciar que la nota que seguirá sobre el libro de George Steiner (París, 1929), que deja afuera un sinfín de temas palpitantes como la oralidad frente a la escritura, los rasgos biográficos y los intríngulis del amor y el erotismo, partirá de ese asombro que se refugia en la duda del maestro, en las dudas sobre su saber e intentará detenerse un paso atrás, antes del intento de formular un concepto, su mirada particular sobre un fragmento del mundo.

Y ese paso atrás, he aquí lo interesante, no está hecho de palabras sino de silencios y en el silencio habla el cuerpo, su presencia: “No acudí al Maggid para oír la Torá -rememora el rabino Leib-, sino para ver cómo se desata sus zapatos de fieltro y se los vuele a atar” (p. 148) ¿De qué está hecho ese gesto? No se trata de algo ejemplarizante, más bien sólo muestra, revela, enseña, una forma del tiempo hecha cotidianidad, una presencia fugaz que nos constata que la realidad está ahí para desaparecer para siempre y no dejar huella. Colige con la frase: “La enseñanza ejemplar es actuación y puede ser muda” (p. 13) como dialoga en el mismo idioma con esta otra, líneas más abajo: “Con respecto a la moral, solamente la vida real del Maestro tiene valor como prueba demostrativa. Por tanto, “Queda siempre abierta la cuestión, dice Steiner, de si las doctrinas del Maestro pueden expresarse con palabras, pueden trasmitirse verbalmente” (p. 150). “Sócrates y los santos enseñan existiendo” (p. 13). La clave parece estar entonces, en la existencia. “Hombre no es sólo el que vive, ‘es el que sobrevive’” (p. 106).

Convertir en ejemplo la nada que somos, mostrar que somos mortales y que en absoluto algo quedará (de nosotros), está de alguna manera latiendo en el Eclesiastés: Vanidad de vanidades, todo es vanidad. “La suprema norma moral es ne pas réussir [no tener éxito]” (p. 106). Más adelante, la misma idea nos acosa: “El auténtico escritor debe ‘ser capaz de ser pobre’” (p. 122) y en la página siguiente cita que Henry Adams era “un ejemplo representativo de educación: pero de una educación llevada hasta el fracaso, en contraste con la educación normal, que se detiene en la fórmula del éxito” (p. 123).

Pretender que esto se sepa pone en peligro la riqueza de los que tienen, pues sus haberes se valen del prestigio, y derruir el prestigio de las cosas ha sido la tarea de los maestros que se despojan hasta de su propia existencia. De ahí la dificultad de convertir la enseñanza en un oficio por el cual percibir dinero, siendo que enseñar es desposesión, despojamiento. “Si el maestro es verdaderamente un portador y comunicador de verdades que mejoran la vida, un ser inspirado por una visión y una vocación que no son en modo alguno corrientes, ¿cómo es posible que presente una factura?” (p. 23) “La auténtica enseñanza es una vocación. Es una llamada” (p. 25) “¿Cómo es posible poner precio a la revelación?” (p. 27) De aquí se sigue: ¿Cómo evaluar a los estudiantes, a los que se les ha entregado una revelación? “Que los raspe la vida”, nos dijo alguna vez el poeta Hesnor Rivera, a la sazón profesor en la escuela de Letras de la Universidad del Zulia ante una pila de trabajos por corregir… En verdad, como diría Marx citado por Steiner: “sólo se puede cambiar amor por amor y confianza por confianza” (p. 33).

Soy del parecer que la enseñanza no es un oficio intercambiable por dinero, creo con Steiner que “Una sociedad enfocada hacia las cosas esenciales podría proveer de las necesidades materiales a sus enseñantes” (p. 28). Entiendo el enseñar como la búsqueda del reino de Dios, por tanto, lo demás ha de venir por añadidura. Educar el espíritu humano en lo estético, filosófico e intelectual “eterniza no sólo al individuo sino a la humanidad” (p. 59). “Hasta en un nivel humilde -el del maestro de escuela-, enseñar, enseñar bien, es ser cómplice de una posibilidad trascendente” (p. 173).

Steiner atribuye a la americanización de la enseñananza el paso a la “burocracia empresarial” de la academia (p. 166), y el negocio, deberíamos saberlo, es la negación del ocio (nec otium), y ocio viene del griego skhole, de donde nos llega trasegando siglos la palabra ‘escuela’. Recuperar pues, la gratuidad y el ocio, está de alguna manera en las bases y en la esencia de la humanidad. “La necesidad de trasmitir conocimientos y habilidades, el deseo de adquirirlos, son una constantes de la condición humana” (p. 169), además “el deseo de conocimiento, el ansia de comprender, está grabada en los mejores hombres y mujeres. También lo está la vocación de enseñar. No hay oficio más privilegiado” (p. 173).

Enseñar -nos- salva. Es lo que pienso. Comparto por ello la idea de que “Llegar a Schopenhauer es entrar en un bosque elevado que nos permite respirar a pleno pulmón y restablecernos” (p. 110).

Ahora bien, callar en un mundo en donde el ruido, el escándalo, la palabrería es un valor, puede llegar a ser un insulto a la razón dominante, al sentido común. Incluso, un delito. “La enseñanza auténtica puede ser una empresa terriblemente peligrosa” (p. 101) advierte Steiner. A Orfeo, a Sócrates, a Jesús, los matan sus conciudadanos (p. 20) “Enseñar sin un grave temor, sin una atribulada reverencia por los riesgos que comporta, es una frivolidad” (p.101), insiste. Acaso el poder sospeche que “Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano” (p. 26). Más adelante arrecia la misma idea: “Hasta la posesión carnal consumada es una minucia comparada con la temible imposición de manos en los vivo de otro ser humano, en su despliegue, que está implícita en la enseñanza” (p. 135).

Las formas del poder que conocemos, tanto como desprecian la verdadera enseñanza, estimulan la enseñanza mediocre, una que arranque “de raíz la esperanza”. Las metas utilitarias, afirma Steiner, son destructivas (p. 26). Además, enseñar es “despertar dudas” y forma “para la disconformidad” (p. 102), y ambos sacudimientos, duda y disconformidad no se avienen con las certezas y la conformidad que exige el plan de mantenimiento y sometimiento al poder. El peligro está en paradojas como esta: “el ateísmo es la sal que conserva a la fe libre de corrupción” (p. 104).

Que leer libros como el de Steiner nos acompañen como esta máxima de Martin Buber: “La alegría da una casa al espíritu; la tristeza lo envía al exilio” (p. 149).


jueves, 25 de abril de 2019

Participación en el Taller Comunicación en tiempos de guerra


 
Participación en el taller
Comunicación en tiempos de guerra
Realizado el sábado 20 de abril de 2019
en el Centro Cultural Juan de Dios Martínez, municipio San Francisco


José Javier León
joseleon1971@gmail.com

Tengo un tiempo trabajando la relación de la comunicación con la memoria y el territorio partiendo de algo muy sencillo, que puede ayudarnos a pensar más cosas. Se trata de lo siguiente: el capitalismo tiene un objetivo central, que es el que le permite el que todos conocemos, a saber la acumulación de riquezas. Sin embargo, lo que digo es que previo a este tiene un objetivo central: destruir la memoria de la humanidad, la memoria de los territorios y por ende de la gente. Por eso, objetivos militares son: bibliotecas, museos, los grandes y más importantes edificios, y por supuesto las personas que tienen o guardan la memoria de sus pueblos: líderes espirituales, religiosos, sabios en el manejo de la palabra, como los pütchipü'ü o palabreros. Esto tiene la finalidad de que las poblaciones queden sin referentes, esto es, sin a quién ni a qué acudir, sin poder dirigirse en un momento de conmoción a un lugar específico porque desapareció, o porque ha sido borrado o derruido. El capitalismo busca que las personas pierdan los lugares de referencia y, cuando eso ocurre, quedan desorientadas y por tanto vulnerables, pues no pueden acudir por ejemplo a sus líderes espirituales ni pueden ir a un lugar donde pudieran reencontrase y reconstituirse. Esa destrucción sistemática la practican en guerras declaradas o en guerras no convencionales, las cuales por cierto, siempre han existido.

La guerra no convencional antecede a la guerra regular o convencional, a la intervención militar con disparos y bombas. La que vivimos es una guerra de ablandamiento, como la que se practica a un país sitiado como se sitiaban antes castillos y fortalezas, o ciudades enteras. La mitológica guerra de Troya fue un sitio de 10 años y Homero la cantó en el siglo IX a.C., cuando ya era memoria oral. Sólo cuando la ciudad ya no se puede sostener ocurre la ocupación. No estamos pues, ante un escenario novedoso.

La humanidad siempre ha buscado autodestruirse, tal vez por un extraño sentido tanático, un amor por la muerte que parece acompañar la condición humana. Por eso pienso que debemos ver la actualidad con un sentido antropológico pues ciertamente, lo sociológico aunque está candente, si tratamos de reflexionar debemos ir más allá y por eso, creo, ir a lo antropológico.

Estos encuentros, esta necesidad que tenemos de hacer un control de daños y un control espiritual, nos sirven para ver cómo está avanzando en nosotros el conflicto. Por eso me parece fundamental traer a la reflexión cómo el capitalismo ataca la memoria. ¿En ese escenario qué nos toca hacer? Sin duda, fortalecer la memoria, trabajarla. Pienso al respecto que EEUU ha cometido algunos errores, como lo cometieron en Siria, en Irak, naciones milenarias. Han cometido el error de medirnos con su rasero tecnológico. En sus círculos pensantes debieron prever que si nos quitaban la electricidad y nos quitaban el acceso a la tecnología, que sin duda es, para ellos una adicción, un fenómeno que han estudiado por años, caeríamos en una suerte de estado de crispación por abstinencia o algo así, una suerte de colapso emocional que desencadenaría brotes de violencia en cadena. De hecho, cuando inició este conversatorio la compañera Tania partió de lo tecnológico mostrando una serie de equipos reproductores, grabadores y de telefonía que por algún tiempo fueron hitos tecnológicos. Ese cálculo lo hizo la inteligencia norteamericana pero en nosotros, que somos caribe, indios, negros, que tenemos una memoria popular, se activó exactamente lo contrario.



Activaron la resistencia, lo que apenas una generación atrás nos constituye. Mi papá, por ejemplo, creció criando cochinos. Es decir, lo campesino (un mundo fundamentalmente no eléctrico) lo tenemos en la pata de la oreja. Muchos son campesinos, es decir, están vinculados directamente a la tierra, vale decir, a la memoria, al madrugar para aprovechar el sol desde que nace y acostarse como dicen, con las gallinas. Se trata entonces de un error de cálculo que, o bien puede prolongar la guerra en tanto se prolonga el sitio, como también tomando conciencia de este potencial vinculado a la tierra y a la producción en el campo, puede convertir el sitio en otra cosa e incluso, llevarnos a ganar la guerra, por cuanto habremos tomado plena conciencia de nuestros propios y soberanos procesos.

Con respecto a lo estratégico de la comunicación, he pensado que nuestros gobernantes se equivocan cuando ocultan o se reservan información, muy al contrario creo que deben informar. Yo pienso que hay que decir la verdad. La gente no se merece, por un asunto de cálculo político, desconocer la gravedad del asunto. Si eso lo hubiera hecho Fidel la revolución cubana hubiera caído. La conciencia del pueblo cubano viene de que Fidel informaba con números pormenorizados el estado de la guerra. Lo que sostiene al Che no es la iconografía capitalista sino que decía la verdad. Y la podía decir porque tenía moral para ello, porque era inflexible y justo. Nuestros gobernantes en cambio, calculan demasiado y se equivocan. Tienen que informar y cuentan con los medios para hacerlo.

Por otro lado, he pensando que los gobiernos deben cumplir esa suerte de mandato de Jesús de optar y comenzar por los más débiles. Creo que un gobierno revolucionario debe partir de esa lógica cristiana de que los últimos sean los primeros, porque muy al contrario he visto que las zonas populares, al oeste de la ciudad, o bien algunos sectores llamados periféricos (cuando no marginales, por vivir al margen del… derecho a la ciudad, a la salud, a la educación, a la cultura...), son discriminados en el acceso a los servicios. Ciertamente, cuando servicios en crisis como en este caso el eléctrico comienzan a ser medianamente controlados, estos sectores resultan más golpeados con horas de racionamiento más largas que los del norte de la ciudad, donde por cierto vive menos gente pero donde se consume y derrocha más electricidad. Parece instruirse que deben resistir y aguantar los más pobres. Una lógica perversa, no sé decir si maquiavélica.

Eso es parte de lo que mencioné arriba como “cálculo político”. El pueblo sin embargo, noble, se moviliza y ha votado mayoritariamente a favor de la revolución en distintos eventos electorales, a pesar digo, de ser sistemáticamente golpeado en escenarios como el actual, porque no es nuevo que son esos  sectores los que más llevan. Responde ello a ese cálculo, como también, a un uso perverso de la comunicación institucional puesto que se protegen y privilegian intereses contrarios a los del pueblo. 

Asistimos también a un renacer, producto de la guerra, de cosas que teníamos perdidas, que tienen que ver con la memoria y que nosotros desde nuestros espacios, desde nuestros sitios de trabajo y trincheras, tenemos que impulsar y dar la mayor de las fuerzas, entendiendo que en ellas se concentra la vida. Cuando llega la noche y llega la oscuridad, llegan la voz del anciano, la voz de la abuela, la voz de la experiencia, llegan los cuentos, llega la lectura nocturna con velas o linternas y se extiende la posibilidad mágica de la noche, se hace presente y presencia la vida. Yo leí a un filósofo alguna vez comentar que los japoneses cultivaban la oscuridad, la noche, lo oscuro para tener encuentros con lo esencialmente humano*. Los gringos pues, se equivocaron. Pretendieron quitarnos la tecnología y nos entregaron la noche, y la noche es la maravilla. Nuevos amigos, reencuentro con los vecinos, solidaridad, noviazgos, porque en la noche se cultiva el amor y la amistad. Eso es maravilloso, pero debemos saber conscientemente que todo ese mundo inexplorado está ahí, a flor de cotidianidad.

Finalmente, debemos hacer todo lo posible para que nuestros gobernantes e instituciones entiendan que tienen que informar. La información y la verdad por dura que sea, tiene que venir acompañada de acciones de gobierno. Porque el pueblo está resistiendo por su naturaleza, por su ascendencia negra, caribe, campesina, indígena. Pero tenemos que incorporar todo eso a la conciencia, convertirlo en programa y llevarlo a la escuela, a los liceos, a los talleres, incluso, aunque haya luz, hay que hacer la noche. ¿A qué me refiero? Al cultivo de la palabra y la memoria. Debemos llevar la palabra a los medios y aprender a producir comunicación como memoria. Tenemos que lograr que sea atractivo, pues resulta muy atractiva la noche, ahora bien, cómo llevamos la noche a los medios entendiéndola claro está, como una dimensión mágica y profunda. En otras palabras, cómo llevamos la memoria a la radio, las redes y la televisión para construir la vida.

En síntesis, planteo que sólo podemos resistir si nos salimos de la lógica de producción, distribución y consumo del capitalismo.


Igualmente, es muy importante organizarnos a partir de la verdad que sabemos, que podemos saber y descubrir con la organización popular y sus equipos de estudio e investigación, porque ciertamente, la verdad es una construcción colectiva. 

Lo otro que no debemos perder de vista es que estamos embarcados en una guerra civilizatoria, que formamos parte de una guerra del capital. Se están moviendo las placas tectónicas del poder mundial, está reapareciendo la antiquísima Ruta de la Seda, y con ella unas riquezas enormes de las que no tenemos dimensión. Una extensa región del mundo está pasando a concentrar el poder económico, amén de que cuenta con la mayor cantidad de población del planeta y de todo eso, apenas si tenemos noticias. Nuevos y enormes bancos están desplazando a la banca sionista, norteamericana y europea. Esa realidad emergente no la puede parar EEUU, con sus presiones, chantajes y aspavientos. Muy probablemente ya no cuenta con la capacidad militar ni productiva para detener lo inevitable, además porque hace años, precisamente por su afán desmedido de riquezas, trasladó sus capitales golondrinas al Asia y a otras regiones del planeta buscando mano de obra barata. Además, tiene una deuda astronómica impagable por lo que estamos ante un país quebrado y peor aún, moralmente quebrado, que ya no puede erigir su hegemonía ni con más Hollywood ni campañas pronorteamericanas.

Nosotros somos víctimas, por estar en este hemisferio, de esa vocación de llamarnos “patio trasero” producto de esa Doctrina Monroe que según Bolton está viva y muy viva. Pero se trata de bravuconadas. Debemos pues, saber que estamos en una situación límite que incluso podría arrasarnos, pero no podrán hagan lo que hagan detener la realidad emergente. Venezuela es hoy por hoy un proveedor seguro de petróleo para China y otros países en crecimiento, además somos una potencia en gas y oro, y el oro volverá a ser respaldo para la diversa canasta de monedas del nuevo orden económico, pues el dólar va a desaparecer como moneda de referencia, como de hecho ya está ocurriendo.

Ahora bien, somos actores y protagonistas en todo esto y sólo la conciencia podrá salvarnos. Debemos aprovechar esta coyuntura para concentrarnos en la palabra, en la construcción colectiva de la memoria y desentrañar la síntesis que ya mencioné: resistiremos si y sólo si escapamos de la lógica del capitalismo.


__________________________________________
*

En un fragmento del artículo, se lee: "El capitalismo también prohíbe las horas oscuras y para eso tiene que incendiar el mundo. El capitalismo prohíbe el aburrimiento y para eso tiene que impedir al mismo tiempo la soledad y la compañía ¡Ni un solo minuto en la propia cabeza! ¡Ni un solo minuto en el mundo! ¿Dónde entonces? ¿Qué es lo que queda? En el mercado, donde la televisión está siempre encendida, donde la música está siempre sonando, donde las luces siempre destellan, donde las vitrinas están siempre llenas, donde los teléfonos celulares están siempre llamando, donde incluso las pausas, las transiciones, las esperas, nos proporcionan siempre una emoción nueva. El capitalismo lo tolera todo, menos el aburrimiento. Tolera el crimen, la mentira, la corrupción, la frivolidad, la crueldad, pero no el tedio. Berlusconi nos hace reír, las decapitaciones en directo son entretenidas, la mafia es emocionante. Eso que el filósofo Stiegler ha llamado la “proletarización del tiempo libre”, es decir, la expropiación no sólo de nuestros medios de producción sino también de nuestros instrumentos de placer y conocimiento, representa el mayor negocio del planeta. El capitalismo y su industria del entretenimiento construyen todo lo contrario de una cultura del ocio. En griego, ocio se decía “skhole”, de donde viene la palabra “escuela”. Pero a nosotros nos divierten, nos entretienen, nos distraen.
Y sin embargo, el primer espectáculo,
aquel que define al ser humano como precisamente humano, aquel del que ha surgido todo lo que hemos hecho y todo lo que somos, tiene que ver con la oscuridad y la quietud.
(…) Para nosotros, nunca llega a hacerse realmente de noche, de manera que hemos perdido la posibilidad de ver la Vía Láctea; es decir, la galaxia en la que habitamos y que nos permite orientarnos en el cosmos. Nuestros cielos son tapas o valvas que ocultan el firmamento. Como moluscos, estamos encerrados dentro.



lunes, 8 de abril de 2019

Entrega de Combos Cárnicos en Sierra Maestra

San Francisco, 04 de Abril de 2019



Por: Jesús Parra

En el Barrio Sierra Maestra, sector 14 B1 se hizo la entrega de Combos Cárnicos a los Líderes de Calle del referido sector.

La actividad se desarrolló en casa de la señora Aida Pirela, habitante de dicha comunidad.

Allí estuvieron presentes::La señora Gladys Alvarado (Muchy), lider de la comunidad, quien se encargó de hacer la entrega de los combos, Monica Rincón, jefa de Brigada SOMOS VENEZUELA, quien expuso algunos lineamientos  para la obtención de beneficios a través del Carnet de la Patria, y por último,  los líderes de calles de la estructura del CLAP Batallas Revolucionarias.

Se aprovechó la ocasión para tratar otros asuntos de agenda como: Conformación y Actualización de Hogares de la Patria, Censo "Tanque Azul", Parto Humanizado y Lactancia materna.

Esto representa un logro más del Ecomomista Omar Prieto Fernández, Gobernador del Estado Zulia, Lic. Dirwings Arrieta Alcalde de San Francisco y Carlos Olivares, Consejal de San Francisco, todos unidos  y  de la mano de nuestro presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros.

Es una clara y contundente demostración, que a pesar de la crisis económica implantada e inoculada por la oposición venezolana y por el Imperialismo Yankee, se siguen librando las batallas para el respeto, soberanía y dignidad de nuestro pueblo venezolano. ¡Venceremos!

sábado, 6 de abril de 2019

Metodología y análisis de la política pública. Propuestas. Caso Venezuela. Deporte 1999-2010



De Eloy Altuve Mejía
Universidad del Zulia. Ediciones del Vice Rectorado Académico
2011. Pp. 120

Por: José Javier León

“Consideramos que América Latina y el Caribe deben avanzar
hacia la construcción colectiva de modelos de ocio y tiempo libre,
centrados en la reivindicación y cultivo de la condición humana
y capaces de garantizar la participación de toda la población”
Eloy Altuve


La claridad metodológica se agradece y Eloy Altuve Mejía la presenta en las primeras de cambio. Sin perderse en abstracciones, apunta al “presupuesto”, el verdadero -el real diríamos nosotros, en el mundo gris de la gerencia burocrática- “plan de acción político y administrativo”. La asignación de recursos refleja -dice- “con fidelidad” “la orientación ideológica del gobierno” (p. 18). Sobre esta base, el libro de Eloy avanza revelando el estado de la cuestión deporte en la primera década del gobierno bolivariano.

Dime cuánto inviertes y te diré qué orientación tienes y qué buscas. Igual como revela la intención (del libro y del gobierno), también se dejan ver las contradicciones y en especial las tensiones, porque ciertamente “los valores y conductas del deporte mundial en su dinámica ordinaria, actualmente, son -en esencia- opuestos o contrarios a los sustentando por la política deportiva del estado en Venezuela” (p. 78).

Pareciera que el punto es el siguiente: cuánto se destina al deporte, cuánto a la educación física y cuánto a simple y llanamente, jugar. “Es conveniente destacar, afirma Eloy, como festividades, celebraciones, reuniones sociales, juegos… creados y recreados por la gente de América Latina y el Caribe a través de la historia, han disminuido progresivamente su importancia social con respecto a la aparición y crecimiento progresivo del protagonismo del deporte: han sido eliminadas; se ha reducido su duración; se han readecuado y articulado con el deporte” (p. 96)

Porque el deporte, apunta Eloy, aquí y en su extensa investigación sobre el tema “hoy tiene una, dinámica y orientación, sustancialmente distintas a la educación física y a la recreación; su esencia es distinta, independientemente de tener elementos comunes” (p. 31). Para cerrar con este latigazo, deducido de la lectura atenta del artículo 111 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela: “los conceptos de educación física y recreación aparecen como accesorios y complementarios, apéndices del concepto matriz: deporte” (p. 18)

¿Qué implica ello? En principio, que una cosa se dice y otra se hace, o en este caso que una cosa es la letra de la ley y otra la realidad, la praxis y la política. Advierte el investigador: “los valores y conductas del deporte mundial en su dinámica ordinaria, actualmente, son -en esencia- opuestos o contrarios a los sustentados por la política deportiva del estado en Venezuela” (p. 78). En este debate precisamente se mueve el breve pero dinámico libro de Eloy Altuve. ¿Hacia dónde se orienta? Hacia la des-portivización de lo lúdico, en efecto, “oponerse rotundamente a que el juego adquiera la lógica, orientación, valores y dinámica deportiva” (p. 103)

Aunque el concepto “deporte” priva o prevalece, será con Barrio Adentro Deportivo que “por primera vez en la historia del país se establece la posibilidad real de incorporación de la mayoría de los venezolanos a una actividad física deportiva, recreativa y de prevención de la salud, de una manera regular, sistemática y con basamento científico-técnico especializado” (p. 32). Y ello hace parte del planteamiento de que hacer deporte supone de alguna manera construir el socialismo, sobre la base -por confirmar, precisamente es lo que busca Altuve- de que “La práctica sistemática del deporte y demás actividades físicas y recreativas vinculadas con la salud, contribuyen con el desarrollo integral del ser humano, mejoran la calidad de vida y elevan el rendimiento del deporte competitivo nacional” (p. 41)

Al respecto, el cuadro publicado en la página 43 puede resultar revelador: los más altos puntos de inversión, casi 10 millones de dólares para la época se dedicaron al programa de Barrio Adentro Deportivo y al Centro Nacional de Ciencias aplicadas al deporte. Le siguió en inversión el deporte estudiantil con más de 8 millones de dólares y la Copa América 2007 con 7 millones 500 mil dólares. Por lo visto hay una correspondencia con el objetivo del BAD: “Propiciar el uso positivo del tiempo libre, combatir el ocio y la violencia, atacar de forma integral los factores que generan la degradación biológica, social y sicológica del ser humano, a través de un programa que busca articular ciudadanos activos, saludables y organizados para desarrollar sus talentos y capacidades físicas e intelectuales, con el propósito de afrontar la reconstrucción integral de la Patria” (p. 50) En otro cuadro leemos que la más alta inversión, un poco más de 10 millones de dólares, se dedicaron al Poder Deportivo Comunal en Barrio Adentro, en contraste con los aportes más bajos dedicados a la Corporación Deportiva Venezolana Empresa, con 500 mil dólares y la Participación Ciudadana y Control Social en la Gestión Deportiva con un poco más de 130 mil dólares. Al respecto concluye Altuve: “Se mantiene -en el lapso estudiado- la creciente inversión del Estado en deporte, la más alta en términos absolutos y relativos en la vida democrática del país” (p. 79), amén de que se ha mejorado “la capacidad organizativa y la formación, con la incorporación de sectores sociales tradicionalmente excluidos, con el impulso a la participación de la mujer y a la organización comunitaria” (p. 80)

Decimos con Altuve, a la altura de la página 77 que, “Destaca como positivo y novedoso en la política deportiva del Estado, explícitamente enmarcar sus definiciones en el proyecto de sociedad que se pretende construir, en el socialismo del siglo XXI”. Como también se dejan ver ciertos detalles, la preponderancia que en algún momento se le otorga al término “actividad física” desplazando al constitucional de “educación física” (p. 77). De acuerdo al balance crítico general, no poco se debe hacer para ir más allá de la ideologización de los medios de comunicación que se han encargado de difundir la idea -de la que participan sin lugar a dudas los altos voceros del gobierno en lo que al tema se refiere- de que el deporte “es un espacio social universal positivo, de igualitarismo absoluto, en contrapartida a las aberrantes diferencias en producción, consumo y disfrute de bienes existente entre las naciones y entre las clases sociales y sirviendo de justificación de tales desigualdades” (p. 79).

Y como víctima de la campaña y la ideologización mediática, el deporte nacional (sobre todo el llamado de Alto Rendimiento) tiende a perder -salvo algunas excepciones- la perspectiva de la inversión, el trabajo lento, concentrado y tenaz. En efecto, Altuve, con números, desencanto, preocupación y responsabilidad afirma que en nuestro caso el deporte suele ir de lo sublime a lo ridículo, “de una destacada actuación mundial en un día (puede) pasar a un estrepitoso fracaso al día siguiente” (p. 83) Para concluir lapidariamente: “Las auténticas potencias deportivas tienen una maquinaria capaz de producir de manera permanente la generación de relevo de deportistas exitosos de categoría mundial” (p. 83). Cabe sin embargo, hacernos con el autor esta pregunta crucial: “¿Se avanza hacia el socialismo del siglo XXI (o simplemente hacia el socialismo), cuando desde el gobierno revolucionario se aúpan y promueven directa e indirectamente actividades deportivas dotadas de significaciones, conductas y valores capitalistas, reconociéndolas, además, como valiosas socialmente y colocándolas como ejemplos a seguir por la población?” (p. 94)

Interesante por revelador puede resultar también la lectura del libro Metodología y análisis de la política pública cuando deja al descubierto formas y prácticas del gobierno y el manejo del Estado, por ejemplo cuando denuncia que la participación de Maracaibo, capital del estado Zulia “la ciudad más importante del país después de Caracas” (p. 81) en debates y discusiones que se pretenden nacionales, fue prácticamente nula, pues se hacen en general desconociendo el aporte de investigadores que han dedicado su vida al tema e ignorando a los institutos universitarios especializados (p. 99), convocando de un día para otro o como se dice coloquialmente (de) ‘hoy para ayer’” (p. 81). Según su análisis, se debe a la poca claridad teórico conceptual, a aspiraciones políticas coyunturales, a la discrecionalidad intrínseca culturalmente a la administración pública, lo cual genera que lo que un organismo hace, ocurra de manera aislada y descoordinada de otro afín o concurrente.

Es el deporte un espacio altamente politizado y polarizado, y las amenazas, Eloy, no han cesado, o sea, sigue “teniendo sentido” (p. 90) para el Estado defenderse y sobrevivir… Han pasado otra vez casi diez años y como ayer tal vez más, sigue haciendo falta hoy altura y madurez, fíjate que recientemente el director general de la selección nacional de fútbol declaró haber sido emboscado por los intereses “políticos” de una facción que acompaña en el exterior al diputado Juan Guaidó (autoproclamado “presidente” ¡nada más y nada menos! que de Venezuela, y por estos mismos días una selección de kárate no pudo viajar a Panamá a representar a Venezuela, sin que olvidemos que un juego de la final de la serie de béisbol nacional casi no se celebra y que de paso el país fue despojado de manera grosera e intempestiva de ser el anfitrión de la Serie del Caribe. Y todo por causas espúreas, fanáticas, absurdas… “políticas” o de eso que así llaman los interesados, entre ellos el que más, el propio y ya completamente desembozado EEUU, cabeza visible y ariete de los “grupos transnacionales industriales-financieros-comunicacionales que se están lanzando a la conquista directa del poder político” (p. 110), dedicados abiertamente a defenestrar al gobierno presidido por Nicolás Maduro.

Creo como tú, amigo Eloy, que “En Venezuela es extremadamente limitada la reflexión profunda, seria, vibrante, sobre el problema del ocio, el tiempo libre, la recreación”, que es “casi inexistente la reflexión y el debate sobre estos temas” y que “la universidad lo hace poco y el Estado casi nada” (p. 107). Ojalá nos encontremos todos en un país en el que la vida en toda su plenitud se aleje para siempre de los procesos de mercantilización y privatización y que nos sea propicio seguir haciendo todo lo posible para encontrarnos en uno definitivo donde reine la “praxis de la libertad en el tiempo” (p. 108), uno que sea irreversiblemente, de todos y todas.




viernes, 22 de marzo de 2019

La poesía es el sentido siempre naciente

Por José Javier León
Tomado de su BLOG


Es sabido, largamente, que los seres humanos somos seres de palabra. Que las palabras nos constituyen y conforman. Por lo que debemos saber, también, que todos los ataques al ser humano son, en el fondo y en esencia, ataques a la palabra, a sus palabras. De ahí la crueldad del ostracismo y el aislamiento, la desorientación y desolación que provoca que nos corten la comunicación con los otros, con el entorno, con el mundo. Nuestros verdaderos límites están en nuestras palabras. Podemos llegar al confín del mundo viajando en ellas. No hay prisión, si la palabra vuela. Esto lo sabe el poder que la cercena. Que la pervierte, la enajena y la borra.

He pensado que los que alejan a la poesía del pueblo persiguen que este pierda el contacto con las palabras esenciales, con la esencia de la vida que está en las palabras. Alejan a la poesía creando una distancia, un muro ilustrado, elitesco, haciendo creer que la palabra poética es asunto de iluminados. Pero no. La poesía nació en el pueblo, sólo que llegada a palacios y cortes se remilgó, edulcoró y pretenciosamente, elevó. Sí, después del tránsito por la tierra, por los dolores y amores de los hombres y las mujeres, la poesía derivó en fabla de(l) poder.

La poesía, por ser y venir del pueblo, tiene vocación de aire. Es efímera y se acomoda a los ritmos de la respiración de los idiomas. Por eso, los primeros poemas escritos que se conocen provienen de la oralidad y sólo tras muchos siglos de trance aéreo fue que las castas de escribas llevaron a tablas, pergaminos, papiros y papel, versos y hemistiquios. Cuando la poesía llegó a la escritura, algo perdió. De ahí pienso que la mejor poesía siente una nostalgia profunda por la oralidad, por su fuente nutricia y albo alimento. La mejor poesía (y creo incluso lo mejor de la literatura) se surte de lo oral, de la palabra viva.

Porque la escritura nació para la administración, para llevar cuentas y haberes del mundo del dinero. Todo se podía olvidar menos las deudas y el nombre de los morosos. Por su parte, las leyes tampoco podían ser olvidadas y menos incumplidas y por escrito debían quedar sus interdictos. Leyes y administración nacieron para cuidar los bienes de los poderosos y la escritura fue el vehículo para fijar, establecer, determinar. La ciencia y el conocimiento, lo que tienen de fijo, establecido y determinado, les vendría también de la escritura. En ese sentido, la literatura sería muy posterior a esos usos mundanos. Y cuando llegó a la poesía, esta sufrió su rigor: fue encapsulada en formas fijas, estrictamente medidas. La poesía sin embargo, desembarazándose de los impuestos, impregnó a la escritura de sus atributos, desafiando la ortodoxia, la sintaxis y la ortografía. Recordando y retomando sus orígenes, su fuego inaugural.

La escritura se encargó de desplazar a la oralidad obviamente, por venir del pueblo; por ende, mira con desdén los juegos de (la) palabra, su graciosa vitalidad. Hay una poesía sin duda hecha a la medida de la escritura y de sus vicios, de la escritura clasista y excluyente, y sólo se acerca al pueblo cuando se acerca a la oralidad, a su espontánea y dúctil flexibilidad.

La verdadera poesía tiene claro que debe vérselas con la escritura y su poder. La escritura procura cercar y dominar. Procura controlar. Busca que la realidad no se desborde ni salga de la horma. El poder que está detrás de la escritura y que con ella se expresa, presenta dos opciones: la oscuridad opaca del sentido o su transparencia inocua. Lo críptico que se despeña en el vacío o el sentido que no tiene doblez ni trasluz. La escritura necesita el sentido y sobre todo, fijarlo. El poder se construye sobre la base del sentido y mientras más pétreo, mejor. Lo que rompe el sentido y funda el sinsentido, busca escapar al cerco. He ahí la liberación, la fiesta y celebración de la locura.

La verdadera poesía desafía el sentido establecido e indaga en la realidad que se escapa como las imágenes del sueño al despertar. La poesía es el sentido siempre naciente. Por eso la verdadera poesía es indagación y revelación. El universo no cabe en un idioma, querido Ramos Sucre, lo colma y lo desborda en lo que tiene de imprevisto e impredecible, impronunciable e indecible. La poesía funda sentidos, los abre, los descubre, los revela, para llevarnos más lejos, más allá, para trascender la realidad y descubrirnos parte del mundo en lo que tiene de sagrado e inmortal. Y lo hace descubriendo en la realidad lo que nos trasciende, a través de la grieta, el intersticio, la celosía, el envés y el través. Las palabras en estado poético giran en su gozne. Están aquí y allá, nos devuelven su sentido aquí y abren uno y otro del otro lado. Con las palabras nuestras, las de todos los días y las que bullen en la infancia y la memoria, des-conocemos el mundo y nos abrimos camino en él, a tientas, asombrados. La poesía se hace con las palabras de siempre, nombra lo que aún no existe pero que comenzará a existir como imagen y posibilidad a partir de su modulación. Es en la palabra cotidiana, de pronto extraña, por donde asoma la vida que nos trasciende e ilumina.









domingo, 17 de marzo de 2019

Del Apagón a los TES


Del Apagón a los TES

José Javier León
Maracaibo, 15 de marzo de 2019

Pasadas las 5 se fue. Como se nos había ido en la noche del día anterior y apenas nos estábamos acostumbrando a unas horas de energía eléctrica e internet, pensamos que se trataba otra vez de ese racionamiento no declarado, no oficializado, jamás explicado. Rutina, pues. Lo raro era que se había ido en una hora rara, ni media ni o’ clock. Cuando oscureció y me asomé al horizonte vi con desazón que la cosa iba para largo ya que las luces de cuando no tenemos en el circuito pero sí al frente, no rutilaban para mi más profunda envidia. Al contrario, todo iba de gris plúmbeo a negro espeso.

Y nos agarraba sin cena, en nuestro apartamento sin servicio de gas doméstico. Recurrimos a los teléfonos y la señal era rala y escasa; la mía, muerta. Con el paso de los minutos nos fuimos enterando de que la cosa no sólo iba para largo sino para lejos. Que era un apagón de los mandados a hacer. Fui al carro porque no tenemos radio en casa, esta no llega ni en condiciones normales (al parecer por los muros de concreto), pero no encontré una sola emisora trasmitiendo. El apagón tan temido nos estaba ocurriendo, desguarnecidos.

Por suerte la brisa donde vivo estaba y sigue estando maravillosa y dormimos literalmente oyendo las olas del lago batir toda la noche. A media mañana intentamos la primera excursión a las afueras, movidos para ponerle picante a la cosa, por una cuasi emergencia médica: un dolor como de apendicitis. Ya sabíamos que el apagón era en serio y el carro, por si faltaba algo más, anunciaba un desperfecto. Dimos varias vueltas de prueba sin atrevernos a salir de la isla (sí, vivimos en uno de los tres islotes en la ribera norte de Maracaibo) hasta que nos decidimos, arriesgándonos a quedar varados en una ciudad que despertaba al desasosiego.

Era viernes y los viernes están los gochos de las verduras. Mucha gente pero el punto estaba pasando y la cola avanzaba hasta que, por supuesto, dejó de pasar. Como somos clientes de años largos nos fuimos con las bolsas y pagamos por transferencia. Todavía se podía y se pudo por un par de días más hasta que a todos se nos ocurrió, por supuesto a los comerciantes primero, que bien podían tasar los productos en dólares, así los botellones de agua (porque de paso no hay agua corriente en Maracaibo) salían a 2 por dólar aunque en otros sitios salían a 3. Comenzó lo de siempre pero multiplicado: la especulación, la discreción, el hago lo que me sale del forro y si no te gusta ya sabéis lo que tenéis que hacer.

Compramos lo que pudimos, fuimos a un centro de salud popular y el diagnóstico de la doctora en calma y en penumbras despejó la urgencia; corrimos a refugiarnos brevemente en la casa materna donde había la posibilidad de cocinar con gas. Empezó el ir y venir y la preocupación por lo que estaba en la despensa, congelado. Al tercer día, el sábado, era evidente que teníamos que tomar una decisión y optamos no sé si por la mejor pero sin duda la más caribeña: hacer una parrilla. En nuestro caso, por vivir en una playa, la cosa pintó perfecta, y no sólo para nosotros sino para familias enteras que colmaron la costa y desde bien temprano sacaron mesas y chinchorros mientras el humo sabroso alejaba el apagón. Jóvenes, niños y uno que otro borracho, dominó, pelotas, risas y la alegría más allá de todos los llamados (que no escuchábamos ni atendíamos por no tener ni redes ni “medios de comunicación”) despejaron el caos y el desastre. “Octavita de carnaval” la bautizó mi comadre.

Amanecimos lunes con las despensas críticas. Nos fuimos a casa de una amiga que también tenía gas para cocinar y a continuar, con la angustia creciente, el compartir, el juego y la conversa. Al caer la tarde comenzaron las sirenas y las detonaciones. La poca información que nos llegaba era nerviosa y electrizante. Yo pasé horas mirando el horizonte extrañamente iluminado, como por un aura que no sé si era fruto de la miopía o la esperanza. Noticias de que estaba llegando la luz en algunas partes del país se confundían con las de los saqueos. Agotado de esperar no sé qué y con la brisa fría, me acomodé para dormir. Pasadas las tres, llegó.

Al terminar de amanecer regresamos a la isla y aunque había pocas señas de los desórdenes nocturnos, quedaba la calma chicha de que algo aún no llegaba. En efecto, la noche del lunes y buena parte del martes, se desató un vandalismo con intereses encontrados en el que las aguas se mezclaron para dejar en la orilla los restos y arrestos de un nuevo orden comercial.

Escribo esto hoy, viernes 15, a una semana completa del apagón y tras pasar toda la noche del jueves (otra vez el jueves…) sin luz -y angustiados porque “al que lo mordió macagua, bejuco le para el pelo”- por una sobrecarga (según informaron) que se largó varias subestaciones y transformadores. Sin duda, esta será nuestra cotidianidad quién sabe por cuánto tiempo más. Porque construir un sistema alterno e independiente del gigante Guri llevará su eternidad, amén de las inversiones que se han hecho, descuidado cuando no abandonado para contar alguna vez con termoeléctricas eficientes y al tiro y con el casi utópico parque eólico de la Guajira, majestuoso Guri de vientos alisios.

Ojalá lo aprendido a golpes nos lleve alguna vez a planificar desde las bases formas de producción de energía autónomas. Mientras tanto les dejo un enlace para que revisen esta propuesta, los TES (Territorios Energéticamente Sustentables) acaso la más acuciosa que puedan encontrar en miles de kilómetros a la redonda: (https://drive.google.com/open?id=0B-qLVBvd0mI_SEluLWdMSGV1VjhqWXItb2EtdW9JcllNZlJr)

Que las velas de Rodríguez nos iluminen y la tenacidad de Bolívar nos acompañe. Venceremos!!!


Noticias relacionadas