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viernes, 17 de julio de 2020

¡SACA LA MANO ANTONIO!

Miel y Salmuera, Ana Cristina Chávez.  anachavez28@yahoo.es

(Publicado en La Semana Digital: https://www.lamananadigital.com/saca-la-mano-antonio/)

16 de julio de 2020



   Hace algunos días estaba haciendo fila en un local de venta de alimentos, tratando de mantener la distancia social, observando las variadas maneras en que los corianos utilizan el tapabocas, y por supuesto, me mantenía atenta a las conversaciones, las cuales en su mayoría, giraban en torno a los precios de los productos, el valor del dólar y las últimas adquisiciones realizadas. Delante de mí una pareja hablaba sobre la frecuencia con la que compraban refrescos –litro y medio diario, porque sin eso no podían comer- lo que me recordaba que soy la oveja negra de la familia en ese aspecto. Por cierto, el sujeto en cuestión era un cronista en potencia, con buena memoria –requisito indispensable para ser el contador oficial de la ciudad y lo que no recuerda, se lo inventa- pues en ese rato narró la vida de varios lugareños y relató anécdotas de hace treinta años, como si hubieran ocurrido ayer.
   Esa noche tendrían una reunión familiar, porque era viernes, el cuerpo lo sabía y lo de la cuarentena no iba con ellos. Así que como andaban juntos, pero no revueltos, cada quien hizo su compra por separado para llevar su aporte al convite. Primero pasó el señor y fue rápido y decidido (el refresco lo compraría en otro lugar donde era más barato), luego la doña paseó su vista por los estantes del pequeño comercio, solicitó un kilo de queso, harina, margarina, huevos, mayonesa, medio kilo de jamón (sí, jamón) y curiosa, preguntó por una mortadela. ¿Qué es eso?, ¿a qué sabe?, ¿es como una salchicha?, consultó al vendedor. Yo estaba justo detrás de ella y pensé: Por Diooos, ¿no vas a saber qué es la mortadela, en estos tiempos?, me di vuelta y la señora detrás de mí lucía la misma mirada de suspicacia.
   La mujer pagó sus productos con dólares y llegó mi turno: pedí medio kilo de queso semiduro, por ser el más económico, y claro, observé por el rabillo del ojo la exhibición en los anaqueles, consciente que solo podía comprar eso. Así que cancelé en bolívares, rezando para que pasara la tarjeta sin arrojar saldo insuficiente y procedí a marcharme. Como no llevaba cartera ni bolsa, coloqué el queso en un mostrador, mientras guardaba las llaves, la tarjeta de débito y el ticket de compra en los bolsillos del pantalón. Justo en ese momento, cuando hacía  cálculos mentales de cuánto me restaba en la cuenta del banco, escuché una voz femenina que preguntaba: ¿El queso está duro?, y en milésimas de segundos unos dedos de uñas largas y pintadas de rojo se hundieron en el producto lácteo que acababa de adquirir, no había reaccionado aún cuando con total naturalidad le dijo al hombre que la acompañaba: Mira, toca, el queso está blandito, y él con desparpajo procedió a estirar su brazo, dispuesto a comprobar lo que le decían. Como al parecer pretendían convertir el espacio en una feria de palpadores de queso, raudamente tomé el producto y reclamé: Ningún tocar, si quieren díganle que les den para probar, pero no estén manoseando lo de los demás.
Aún pienso que el tapabocas amortiguó el volumen de mi voz, pero así sería la mirada que les lancé, que la señora dio un paso atrás y como si ella no hubiera cometido falta alguna, exclamó: ¿¡Quéee!?, ¿acaso él se lo va a llevar?, molesta y apretando contra mi pecho el medio kilo de queso como balón de fútbol americano, atiné a decirles ¡qué gente tan grosera! Y me fui. La mujer se quedó vociferando, porque claro, la maleducada era yo, que no dejaba que personas desconocidas en época de coronavirus le magullaran el queso que ya había pagado, solo para verificar su dureza.
   Y así me ocurre con frecuencia, siempre soy la rara, la que no cuenta su vida con lujo de detalles en la fila del banco, a viva voz y en medio de extraños; la que prefiere estar callada antes que hablar por hablar, porque algo se tiene que decir; la que trata de mantener la distancia social en la calle o guarda cuarentena; la rara que escucha música de surcoreanos en lugar de vallenato; la que le gusta leer y estudiar; la diferente que no aprendió a fumar, cuando de joven “eso te daba caché”; la que no se entromete en la vida ajena y trata de evitar el chismorreo; la que intenta ser respetuosa con los otros; la rara, que escribe en un periódico lo que le ocurre en el mercado y tiene lectores tan extraños como ella que terminan el artículo y se sonríen, conscientes que ser venezolanos y sobrevivir en el intento, es un acto único e irrepetible que amerita tomos y tomos de escritura, porque no todos andamos metiendo la mano en la comida de los demás.
¡Nos seguimos leyendo!             

sábado, 28 de marzo de 2020

CORONAVIRUS: DE PANDEMIA A SENSOR POLÍTICO



Por: Jesús Parra
Profesor universitario

El Coronavirus, una amplia gama de virus que puede causar diversas afecciones ha encendido su brote epidémico, propagándose en la geografía mundial a través de un agente infecto-contagioso conocido científicamente como Covid-19. Denominado así tanto por su forma de corona como por su fecha de origen.
Un fenómeno, realidad y/o pandemia que viene produciendo y atenuando una crisis de primera mano en materia de salud, y que ha puesto en curso desde la perspectiva política constantes debates en cada una de las naciones que han sido impactadas por este flagelo viral.
Una cruenta realidad en la que Venezuela no es la excepción ni mucho menos escapa de ello, y en la cual el gobierno nacional ha venido asumiendo el compromiso vital de proteger a los venezolanos de este implacable ataque bacteriológico que amenaza de manera insospechada tanto la humanidad de nuestro pueblo como del mundo entero.
En este particular y sin escatimar esfuerzos ha venido actuando (me refiero al gobierno constitucional) cónsono con los acontecimientos en pleno desarrollo, planificando y ejecutando un corpus de medidas de prevención y seguridad como a su vez haciendo incesantes llamados al pueblo, exhortándolos a cumplir con lo establecido y así con la cuarentena social decretada.
Sin embargo, más allá de las acciones gubernamentales en pro de contrarrestar esta pandemia y de las profecías bíblicas (que nunca faltan) a cargo de personajes sumidos entre una mezcla de fanatismo y oscurantismo, que parece más bien un "mea culpa” que otra cosa; están los de la “otra acera”, me refiero a la derecha venezolana acompañados de los “Cenáculos del Terror” (EEUU) que viven a la espera de cualquier circunstancia o situación endeble que pueda presentarse, para tener el flanco disponible y poder seguir atacando y posicionando sus ansias de poder y sometimiento.
Esto es precisamente el contexto que esperaba (la oposición) para hacer un “refrito” de sus ya consabidas estrategias, y sin más alardes que sus propias agallas, continuar con su descaro de “rescatar a Venezuela” según suelen decir del "Régimen dictatorial de Maduro”. Un imaginario que solo cala en su despotricable cerebro.
Estamos, entonces, frente a un acontecimiento que no es casual ni fortuito, y donde se siguen cayendo los “velos”, en la que la oposición no busca una muerte natural (como desde hace ratos la tiene) sino que busca una muerte inducida y final, en el marco de una política en constante construcción, en colectivo y en revolución.
En este campo o esfera política el gobierno constitucional de Nicolás Maduro no sólo ha demostrado su impostergable labor de enfrentar el Coronavirus, y aminorar la crisis en materia de salud, sino salir adelante con pasos agigantados a la crisis económica inoculada y a las fuerzas políticas que lo adversan.
En esta misma materia, se pregunta: ¿cómo puede interpretarse en la opinión pública mundial la actitud de desespero asumida por parte de aquél que se hace llamar defensor de los Derechos Humanos (EEUU), que frente a una pandemia y a través de una institución multilateral de su propia creación rechaza el pedido de $ 5 millardos solicitados por el Ejecutivo Nacional para enfrentar la crisis epidémica, por no reconocer la legitimidad de su período? A propósito de esto: ¿cómo queda su talante de supuesto defensor, cuando en el mejor momento para demostrarlo, rechaza una oportunidad como la presente, que pudiera traducirse en preservación de la vida de un pueblo como Venezuela? y, ¿qué hay de la verdadera urgencia del “Autoproclamado Guaidó” expuesto en los principales titulares de los medios de comunicación? ¿Su llamado es hacia la defensa en contra del Coronavirus o en su defecto hacia la intromisión de fuerzas extranjeras, partícipe de la ruptura del hilo constitucional y del ataque a nuestra soberanía?
La respuesta contundente ha sido de parte del gobierno nacional la implementación de políticas en materia de salud, alimentación, transporte, economía, educación, protección del trabajador con garantías a los medianos y grandes empresarios entre otras, propiciando en términos generales que el destino del país siga en la medida de lo posible su curso.
En definitiva y como forma extraña parecerá una incongruencia tratar de extraer algún ingrediente o factor positivo del Covid-19, pero en el contexto político actual venezolano, hay que destacar la disciplina, recato y civismo demostrado por nuestro pueblo, independientemente de su tinte político, credo o raza, así como deja expuestas las claras evidencias de la oposición que nuevamente van en “picada”, y sus acciones, apuntan a ser respondidas con el insigne grito libertario: “Quien atente contra la soberanía del pueblo de Bolívar se hunde”.